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Pohořelec, Hradčany y Malá Strana. Praga (parte 3) - República Checa

La ruta turística de nuestra primera mañana por Praga nos dejó exhaustos. Habíamos estado caminando algo más de tres horas sin parar bajo una llovizna intermitente, visitando los monumentos de diferentes áreas de la ciudad. Al terminar el recorrido, le preguntamos al guía lugares típicos para probar la comida checa. Su recomendación nos llevó hasta la otra parte del centro de Praga, a la zona de Pohořelec, cuya traducción al español quiere decir "el escenario del fuego". No es que el centro de Praga sea muy grande, pero tener que cruzar el río y recorrer las calles empinadas durante media hora hasta llegar allí contribuyeron a que en más de una ocasión propusiese parar a comer en cualquier otro sitio que encontrásemos en el camino. Al final, llegamos al monasterio de Strahov. Es cierto que el guía nos recomendó también coger el tranvía hasta allí, pero el encanto de Praga es disfrutar del ambiente de sus calles. Eso sí, si te paras unos segundos para descansar un poco durante la subida y contemplas las vistas desde esa altura, recobras el aliento enseguida.

Finalmente, llegamos al monasterio de Strahov. La arquitectura del monasterio desde el exterior es muy similar a la del resto de edificios checos, pero se caracteriza por albergar la iglesia de Nuestra Señora, en la que se encuentra el órgano que tocaba Mozart cuando visitaba Praga. Solamente se puede visitar un par de salas de Strahov, la más famosa es la biblioteca; aunque nosotros en esta ocasión nos conformamos con ver el edificio por fuera.

A un lado del monasterio encontramos el restaurante que nos había recomendado el guía. La cervecería del monasterio de Strahov (Klasterni Pivovar Strahov, Strahovské nádvoří 301) es cervecería y restaurante al mismo tiempo, por lo que se puede comer y beber a casi cualquier hora. Entre unas cosas y otras, se nos habían hecho las tres y media de la tarde, así que nos vino fenomenal que en el sentido de horarios diesen tanta facilidad. En cuanto vi el patio de la cervecería, tan sencillo pero a la vez diferente y bonito, quise por todo y por todo sentarnos allí a comer. Sin embargo, el cielo no parecía dispuesto a dejarnos disfrutar de la comida del San Norberto sin regalarnos unas gotas de lluvía; por lo que al final, optamos por sentarnos en una de las mesas más pequeñas del interior de la cervecería. Pedimos sopa de hígado de primero y despúes schnitzel, todo acompañado de una de las cervezas de producción propia del lugar.

Monasterio de Strahov


Ya que habíamos subido hasta la parte alta, decidimos explorar un poco esa zona después de comer. La iglesia de la Virgen de Loreto no se encuentra muy lejos del monasterio y, además, nos pillaba de paso para regresar de camino al hotel. Tampoco entramos a visitar su interior, pues estaba cerrada; pero después nos enteramos de que se trata de una réplica de la supuesta casa donde tuvo lugar la Anunciación a la Virgen María.

Iglesia de Loreto


Posteriormente, volvimos a visitar el complejo del castillo en Malá Strana. Habíamos estado el día anterior, durante nuestra primera tarde en la ciudad, pero todavía nos quedaban cosas que visitar, como el interior de la catedral de San Vito y el famoso callejón del Oro. Por una parte, la catedral de San Vito por dentro es inmensa y la sensación de amplitud empieza en cuanto se entra.

Complejo del castillo


Por otra parte, el callejón del Oro es una de las visitas en Praga que esperaba con más ansia. En este callejón han habitado a lo largo de los años guardias del emperador Rodolfo II de Habsburgo y sus respectivas familias, orfebres, alquimistas y famosos escritores como Franz Kafka. Sin embargo, en la actualidad estas coloridas casitas se han convertido en tiendecitas turísticas de souvenirs. Íbamos a pagar la entrada para visitar este famoso callejón, pero uno de los guardas de seguridad nos dijo que si esperábamos veinte minutos podríamos entrar gratis, sin necesidad de sacar el tique. No acabamos de entender por qué a partir de las cuatro de la tarde puedes visitar el callejón sin pagar entrada, pero la verdad es que me alegré de ahorrarnos la entrada porque, muy a mi pesar, tampoco es para tanto. Reconozco que tiene interés histórico e incluso alguna que otra leyenda intrigante, pero se nota que ha sido restaurado y solamente acabas viendo casitas de colores en las que puedes comprar algún que otro recuerdo turístico. La casa que más ganas tenía de visitar era la casa de Kafka, aunque está totalmente rehabilitada y ha acabado convirtiéndose en una librería donde se venden las obras del autor en diferentes idiomas. ¡Y yo que esperaba encontrarme los muebles y algunos que otros enseres personales! Además, de las leyendas de los alquimistas no hay tampoco ni rastro.

La casa de Kafka es la número 22 del callejón del Oro


Antes de dejar el complejo del castillo de Praga, no pudimos evitar volver a uno de sus miradores. Habíamos estado el día anterior al atardecer, cuando los edificios adquirían todos la luz cálida del sol. Sin embargo, nada tenían que ver en ese momento, en un día frío con algo de niebla. Me dio la sensación de que los edificios estaban hechos para ese clima, ya que todos parecían encajar perfectamente en ese paisaje; por lo que no pude evitar sacar alguna que otra foto de nuevo.