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Vídeo: otoño en Alemania





Como bien os contaba en mi blog, parte del otoño pasado lo pasé en Alemania haciendo un curso de alemán en Fráncfort del Meno. Ha pasado casi un año, pero creo que nunca es tarde para compartir este vídeo de mi experiencia descubriendo Fráncfort y sus alrededores.

Otoño en Alemania 2017 from Chelo Caballero on Vimeo.

Un día en Colonia - Alemania

En cuanto me enteré de que me habían aceptado en el programa de intercambio de Sprachcaffe en Fráncfort, comencé a hacer una lista de ciudades que quería visitar durante mi estancia en Alemania. Colonia, al igual que Heidelberg, fueron las primeras en las que pensé. Me habían hablado muchísimo de ellas y prácticamente cada alemán que he conocido me ha contado maravillas de estas dos ciudades. Durante mi primer fin de semana allí, como ya os conté por aquí, visité Heidelberg, pero Colonia se ha hecho esperar un poquito más.

Aprovechando que una amiga estaba haciendo unos cursos por la beca de auxiliar de conversación, no nos lo pensamos dos veces y compramos los billetes. Como nuestro ICE llegó a Colonia a primera hora de la mañana y hasta última hora de la tarde no habíamos quedado con Ana y su novio,  pudimos aprovechar el día en Colonia al máximo.

Tras un desayuno en un café italiano situado en frente de la estación, decidimos cruzar al otro lado del río para sacar las primeras fotografías de la ciudad. La luz a esa hora de la mañana era perfecta, así que enseguida nos pusimos en marcha por miedo a que el sol decidiera hacer de las suyas y esconcerse tras alguna nube en un abrir y cerrar de ojos, algo muy típico en Alemania.



El puente Hohenzollern no deja indiferente a cualquiera. Como buen ingeniero civil, Sergio se pasó un buen rato contemplando y analizando la estructura del puente ya desde el tren, cuando nuestro ICE entraba a la estación. En mi caso, aproveché el paseo hacia el otro lado del río para ir sacando fotografías, especialmente de los numerosos candados que los enamorados cuelgan en su estructura como prueba de amor.

Las vistas de la ciudad desde el otro lado del Rin son maravillosas, pues se puede tener una idea del conjunto de la ciudad y de sus atracciones turísticas más conocidas: el Rin, el puente Hohenzollern y, como no, la catedral de Colonia.

Después de  sacar numerosas fotografías de este tramo, decidimos caminar hacia la parte más moderna: el puente Severins y el Rheinauhafen. La verdad es que toda Alemania cuenta con una arquitectura muy variada, por lo que prácticamente todas las ciudades están llenas de contrastes.  La zona de Rheinauhafen me gustó mucho e, incluso, me atrevería a decir que guarda cierta similitud con la parte nueva del puerto de Oslo.





Por organizar un poco el día en Colonia, decidimos dedicar parte de la mañana a visitar el museo del Chocolate de Colonia. Se trata de un museo dedicado en su totalidad al chocolate, pero con salas muy variadas, que van desde expositores explicativos e invernaderos con plantaciones de cacao hasta la fábrica y tienda del chocolate de la archiconocida marca Lindt. ¿Lo más deseado? La fuente de chocolate líquido, sin duda. Las instalaciones son bastante nuevas y todo el recorrido del museo cuenta con grandes ventanales por el que entra la luz natural y desde los que se puede observar el Rin, así que es una visita que vale la pena.

Al terminar nuestra visita, decidimos volver a la zona más céntrica de Colonia y buscar un lugar donde comer. Tras mucho buscar, dimos con un pequeño restaurante situado junto a una de las calles que dan a la zona más comercial de Colonia. El Ech Kölsch (Obenmarspforten 1) resultó ser todo un acierto, ya que pudimos probar algunos platos típicos de la cocina alemana mientras disfrutamos del buen tiempo en la terraza.


 
 



Después de comer, decidimos seguir paseando por la zona más céntrica de la ciudad. Pasamos por las plazas Heumarkt y Alter Markt, vimos el edificio del ayuntamiento, entramos a dos tiendas que se disputan la denominación de la famosa agua de Colonia y callejeamos hasta llegar de nuevo a las orillas del Rin. No sé si porque era sábado o quizás que fuese el primer día de sol en quince días también tendría algo que ver, pero lo cierto es que ese día Colonia estaba de lo más concurrida. Especialmente la zona del río, donde grupos de jóvenes se reunían en las terrazas o disfrutaban del sol tumbados en el césped. Como dice mi madre: «allá donde fueres, haz lo que vieres». Así que propuse comprar unos helados en una heladería cercana y sentarnos junto al río a disfrutar del buen tiempo.

Habíamos quedado con Ana y José sobre las siete para tomar algo antes de coger el tren de vuelta a Fráncfort, así que dedicamos el tiempo que teníamos hasta entonces a ver una exposición de coches que había ese día junto al Rin y a explorar alguna zona más alejada del centro por si encontrábamos algo interesante. En nuestra ruta solamente dimos con la iglesia de San Gereón y algunos vestigios de la antigua ciudad de Colonia, como la muralla y una torre que han quedado prácticamente integradas en la ciudad, así que tampoco vale la pena alejarse mucho más. 

Creo que Colonia me deja un sabor agridulce. Por una parte, es una ciudad que tampoco tiene una gran variedad de atracciones turísticas más allá de su imponente catedral de estilo gótico, el puente Hohenzollern, el museo de chocolate y alguna que otra plaza. Pero, por otra parte, el ambiente que se respira y el estilo de vida de sus habitantes es maravilloso y creo que es precisamente esto último lo que la hace única.










El distrito financiero de Fráncfort del Meno - Alemania

Como bien adelantaba en la entrada anterior, Fráncfort del Meno es una ciudad con un fuerte distrito financiero. Tanto es así, que me atrevería a decir que no solo es una ciudad de gran importancia en Alemania si no también, en toda Europa. De hecho, ya desde el avión, lo que más me llamó la atención fue los altos rascacielos que se ergían a orillas del río.

Si hay algo que viene en todas las guías de viaje de Fráncfort es, sin duda, el símbolo del euro a los pies del antiguo Banco Central. Y digo "antiguo" porque la sede actual del Banco Central Europeo se encuentra desde el 2014 en Frankfurt (Main) Ost, al este de la ciudad. Aun así, el símbolo de la eurozona todavía se encuentra en Willy-Brandt-Platz, a los pies de la Eurotorre, en pleno centro financiero.

A pocos minutos de la plaza Willy-Brandt-Platz está el rascacielos más alto de toda Alemania, la torre Commerzbank, sede de la entidad que da el nombre a la torre. Sin embargo, también hay muchos otros rascacielos por las zonas de Taunusanlage y Gallusanlage. 
 




Dejando a un lado los imponentes rascacielos del centro financiero, hay también muchas otros puntos de interés que vale la pena visitar. Uno de los más curiosos es el Bauernmarkt de Konstablerwache, un mercadillo ambulante que tiene lugar los jueves y los sábados y en el que se puede encontrar todo tipo de productos alemanes. Especialmente en los días de sol, el ambiente aquí es de lo más festivo y a los a los alemanes les encanta comprar los productos y pedir que los cocinen allí mismo, para disfrutarlo después con una jarra de cerveza o un vaso de Apfelwein, que vendría a ser algo así como la versión alemana de la sidra desventada. Aunque, seguramente, los amantes de las compras prefieran dar largos paseos por el Zeil, la arteria comercial de Fráncfort por excelencia.

Uno de mis lugares favoritos, muy cerca de la torre Commerzbank es la plaza Goethe. No es que sea una plaza especialmente bonita, pues, siendo sincera, su diseño es bastante normal, pero que esté dedicada a uno de mis escritores favoritos hace que disfrute de ella mucho más cada vez que paso por allí.  

Pasear por el centro financiero es prácticamente inevitable. Pero para tener una buena perpectiva de los rascacielos recomendaría dos opciones. La más sencilla es pasear por el río, entre los puentes Untermainbrücke y Eiserner Steg. Si está despejado, el atardecer desde aquí es precioso, ya que el sol se pone por la torre Westhafen, conocida cariñosamente por los locales como la torre Apfelwein, pues su diseño recuerda al vaso típico de la bebida.






Sin embargo, si se quiere tener una perspectiva del paisaje urbano de la ciudad desde las alturas, otra opción es subir al Main Tower, el cuarto edificio más alto de Alemania, que cuenta con un mirador panorámico visitable a 200 metros de altura. Nosotros subimos a última hora de la tarde, la noche de antes de que Sergio regresara a Valencia, así que fue el broche perfecto para terminar juntos la experiencia en Fráncfort con Sprachcaffe.





El casco histórico de Fráncfort - Alemania




No cabe duda de que Fráncfort del Meno es una ciudad mundialmente conocida por los sectores económico y empresarial. Aunque tengo pensado dedicar una entrada a hablar únicamente de ello, esta se la quiero dedicar al casco histórico de la ciudad. Puede que, a priori, el centro histórico no sea tan conocido, pero uno de los puntos a favor de Fráncfort es precisamente la gran oferta turística y cultural que ofrece —más allá de los sectores anteriormente citados—, cosa que puede determinar nuestra elección a la hora de hacer un curso de alemán en el extranjero.  

El casco histórico de la ciudad más conocida del estado de Hesse se centra, sobre todo, en la zona del Römer, pues cuenta con los edificios más tradicionales de Fráncfort: se trata de edificios de poca altura construidos con el característico entramado de madera. Aunque representan el estilo propio del siglo XVI, estos fueron reconstruidos tras la Segunda Guerra Mundial gracias a algunas fotografías, dibujos y planos. En esta plaza encontramos también el Ayuntamiento, la fuente de la Justicia y la iglesia Alte Nikolaikirche.

Dos de los accesos más conocidos para llegar hasta el Römer son los puentes Eiserner Steg y Alte Brücke. Por una parte, el Eiserner Steg es el que queda más cerca de la residencia de Sprachcaffe y es por el que suelo ir al centro mientras disfruto de las vistas de la ciudad. Se trata de un puente de hierro peatonal con unas vistas panorámicas preciosas de la zona financiera a lo lejos en el que es habitual encontrarse con alguna que otra pareja de enamorados poniendo un candado en el puente y lanzando las llaves de este al río. Por otra parte, el Alte Brücke es un puente que fue reconstruido, por lo que es relativamente reciente. Sin embargo, ha mantenido el nombre del puente original.

A pocos metros del Römer y muy cerca del río tenemos la plaza de la Catedral en la que, además de la catedral, se encuentran varios museos de arte moderno, la Casa de la Balanza de Oro (Haus zur Goldenen Waage) y la Casa del Lino (Leinwandhaus). Aunque puede que la subida se haga algo pesada, recomendaría, sin lugar a duda, subir a la torre de la catedral. La tarifa de estudiante es muy económica y las vistas desde lo alto de la torre son maravillosas: se puede ver la zona del río, el centro histórico y los rascacielos del distrito financiero, así que vale la pena enfrentarse a tantos escalones.







Si caminamos desde el Römer en dirección opuesta al Meno, daremos con una de las plazas con más ambiente del centro histórico de Fráncfort, la Paulsplatz, que le debe su nombre a la antigua iglesia Paulskirche que se encuentra en la misma plaza. Sin embargo, esta iglesia fue desacralizada y posteriormente su edificio se convirtió en la sede del primer parlamento de Alemania. A día de hoy es un edificio público más en cuyo interior alberga una pequeña exposición de fotografías donde se cuenta la historia del edificio y que se puede visitar de forma gratuita. 

Además de una gran variedad de cafeterías y restaurantes, en la Paulsplatz encontramos también el edificio del Registro Civil, que contrasta con los edificios más modernos situados a su espalda.






Si desde este punto caminamos hacia el edificio de la Ópera, seguramente demos con otros puntos de gran interés turístico del centro histórico de Fráncfort como son la plaza Liebfrauenberg, la puerta Eschenheimer y la plaza de la Bolsa. Además, una de las cosas que más me gustó de Fráncfort es la infinidad de parques y zonas verdes que tiene. De hecho, la muralla que delimitaba la ciudad antigua se ha convertido en un anillo verde de varios kilómetros en el que habitan simpáticas liebres y ardillas. Sin embargo, de todo esto, os hablaré en la próxima entrada, que estará dedicada al distrito financiero.

Viajes y fotografía con Saal Digital



Viajar sin la cámara a cuestas es todo un reto para mí. Quizás sea por haber encontrado en la fotografía una forma de recordar las aventuras de mis viajes durante más tiempo, pero lo cierto es que una de las primeras cosas que tengo en cuenta cuando estoy preparando el equipaje, independientemente de que viaje o no únicamente con maleta de cabina, es la cámara de fotos. 

Al principio, era muy dada a hacer álbumes de fotos, así que imprimía muchas de las fotografías en papel y me ponía manos a la obra. Sin embargo, esta costumbre quedó un tanto apartada durante mis primeros años de universidad y comencé a almacenar las fotografías únicamente de forma digital, en carpetas del ordenador. No me había dado cuenta de lo mucho que echaba de menos tener las fotografías de mis viajes en papel hasta que se pusieron en contacto conmigo desde Saal Digital y me ofrecieron probar uno de sus productos estrella: el álbum de fotos digital.

El proceso de diseño no fue complicado: simplemente hay que descargar el programa de la marca desde su página web y, en cuanto ya lo hemos instalado, seleccionar qué producto queremos personalizar. En el caso de los álbumes digitales, hay una variedad bastante amplia, así que es fácil encontrar uno que se ajuste a nuestras preferencias: tamaño, portada, tipo de papel, número y diseño de páginas... Dicho así puede imponer un poco, pero os aseguro que el programa es bastante intuitivo, por lo que con un poco de maña se puede diseñar un álbum digital. En mi caso, tardé poco más de dos horas en diseñar un álbum de 28 páginas, así que, visto así, tampoco lleva tanto tiempo. Aún así, también encontraremos la opción de subir las fotografías y diseñar las páginas de forma aleatoria, por lo que ya no valen las excusas de no hacerlo por falta de tiempo o por carecer de tal habilidad.

Hace tan solo unos días que me llegó a casa y la verdad es que me ha encantado el resultado final. Lo que más me ha gustado es que, aunque el lomo es resistente, la junta de las hojas es mínima, por lo que la línea de unión pasa prácticamente desapercibida (cosa que se agradece si optamos por una fotografía que ocupe dos páginas). Lo único que recomendaría es elegir fotografías de gran calidad, porque al imprimirse puede que las fotografías más grandes no queden tan nítidas como nos habríamos imaginado en un principio. 

Como podéis ver, he optado por diseñar el álbum con algunas de las fotografías de mi estancia en Alemania, así que os seguiré contando más sobre mi experiencia en Fráncfort en mis próximas entradas.