Diario de viaje: Ávila - España

14:17:00

Nuestra última aventura por Castilla y León fue Ávila.
Salimos por la mañana de Salamanca dispuestos a alejarnos del hielo y la niebla que se acumula en Salamanca durante los días —¡y las noches!— más fríos del año.  

Conforme nos acercábamos a Ávila, la niebla que prácticamente impedía ver las señales de la carratera se fue disolviendo y, cuando llegamos, nos encontramos con un cielo completamente azul y sin ni una nube.



Antes de entrar a la ciudad, paramos en un pequeño mirador que hay a la entrada. Desde allí, vimos la famosa muralla de Ávila que rodea el centro histórico.
Lo primero que hicimos al llegar, fue caminar por las calles empedradas hasta el centro y visitar la oficina de turismo para planificarnos el día. 




La oficina de turismo se encuentra junto a la Puerta de Carnicerías. Allí sacamos las entradas para visitar la Muralla, el mayor atractivo turístico de la ciudad.
Muy cerca de este lugar se encuentra la Catedral, edificio de arquitectura románica tardía y gótica española.




Tras una larga cola de turistas, comenzamos nuestra visita a las murallas.
La Muralla de Ávila fue construida en el siglo XII y es la mejor conservada de España. En la actualidad, tiene 2,5 kilómetros: un recorrido bastante largo, aunque únicamente se pueden visitar dos tramos de la muralla. Lo bueno es que son prácticamente opuestos, así que puedes ver un paisaje diferente desde cada uno de ellos.







Tras recorrer el tramo más largo de la muralla, fuimos a comer. De camino al restaurante, nos encontramos con la iglesia de Santo Tomé el Viejo; en estos momentos, almacén visitable del museo de la ciudad.




La segunda parte visitable de las murallas se encuentra en la Plaza de Santa Teresa. En ella hay inumerables alusiones a la Santa que da nombre a este lugar. 




También visitamos el Convento de Santa Teresa cuyo edificio barroco se encuentra a unas calles de esta plaza y que se alzó sobre la casa natal de la Santa Teresa de Jesús.




Al final, subimos a la segunda parte de la muralla. Como ya he dicho, se trata de un tramo mucho más corto, de apenas unos metros, pero que vale la pena visitar (además, el mismo ticket de visita a las murallas incluye ambas partes, así que hay que aprovecharlo).
Esta vez, como era primera hora de la tarde, no había tanto turista, por lo que pudimos andar un tanto más tranquilos. 

Plaza Adolfo Suárez

Paseo del Rastro

¡Y hasta aquí mi excursión!
Debo decir que me gustó bastante visitar Ávila, sobre todo por ver la muralla, pero se trata de una ciudad bastante pequeña y que puedes visitar en pocas horas; por lo que prefiero mucho más Salamanca. Aún así, no me arrepiento de haber ido a pasar el día y disfrutar de su encanto.



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