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Diario de viaje: Rennes, Bretaña (parte 14) - Francia

Mi último día en Bretaña fue destinado a descubrir Rennes, una hermosa ciudad situada al Oeste de Francia que es, al mismo tiempo, la capital de Bretaña.
Tenía muchísimas ganas de visitarla, porque las fotos que había visto en las guías de viajes que Marie me había dejado preparadas en el escritorio de mi habitación cuando fui a Bretaña me habían dejado fascinada.
A pesar de haber madrugado para coger el tren desde la estación de Redon, ciudad de la que ya os hablé hace unos días en este post, tuvimos que subir de un salto al tren que teníamos previsto coger porque salía en un minuto. De hecho, subimos sin ni siquiera sacar el billete. Por suerte, cuando la revisora se acercó al principio de trayecto, Marie le explicó que nos había sido imposible sacarlo en las máquinas de la estación, y nos lo cobró abordo sin nungún tipo de recargo. Sin embargo, el tema de los billetes nos dio de nuevo problemas al final de la tarde.

Mientras tanto, llegamos a la estación de Rennes. El viaje se me hizo mucho más corto de lo que pensaba, a pesar de durar poco más de una hora. Nada más llegar, fuimos directas a la oficina de turismo, desde donde salían las visitas guiadas para ver el Parlamento de Bretaña.
Quedaban todavía cuarenta minutos para que empezase la visita, así fuimos de tiendas: la primera parada fueron las Galerías Lafayette de Rennes. Entre unas cosas y otras, no pude entrar a estas galerías cuando estuve en París, así que no dudé en meter la nariz cuando Marie propuso enseñármelas. Son una mezcla entre El Corte Inglés español y el Harrods inglés, aunque se pueden encontrar firmas que no están España. Solamente eran las diez y media de la mañana y yo ya iba cargada con dos bolsas de compras; entre lo que compré destacan las sandalias tropeziennes, muy de moda en varias ciudades francesas.

A las once comenzó la visita por el parlamento de Bretaña, uno de los primeros edificios de piedra que fueron construídos en una ciudad en la que predominaban los edificios de madera y que el rey Enrique II fundó en el año 1554. Sin embargo, no fue la sede el parlamento hasta ocho años más tarde. 
La visita se me hizo un poco larga, pero me gustó poder ver el interior del edificio.

 

El hermano de Marie se mudó a Rennes hace unos años por sus estudios universitarios. Al acabar la visita, nos encontramos con él en una de las plazas más características de la ciudad, la Plaza del Champ-Jacquet, para comer los tres juntos.
Lo de que esta plaza es una de las más características de la ciudad, lo digo porque en ella se encuentran algunas casitas con fachadas en entramado de madera, que a mí personalmente me parecen preciosas.




Por la tarde, tuvimos tiempo de pasear por las calles de Rennes y algunas tiendas de ropa, pues Marie quería comprar algunas cosas para su viaje a España. Entre las cosas que vimos destacan el Ayuntamiento de Rennes, el teatro y las arcadas de Millardet, el Vilaine y la calle de compras Lebastard.




Con esta entrada, acaba el viaje por la Bretaña francesa que hice durante una semana en julio de 2014. Por ello, quiero aprovechar para agradecer tanto a Marie como a toda su familia lo bien que me trataron.
¡Muchísimas gracias por todo!

Diario de viaje: Brocéliande, Bretaña (parte 13) - Francia

Como habíamos pasado la mañana de mi penúltimo día en Bretaña haciendo trámites y, más bien, poco turismo, la familia anfitriona decidió enseñarme uno de los lugares más famosos de Bretaña que ha existido durante siglos: el bosque de Brocéliande.
En un primer momento, antes de llegar yo a Bretaña, habían pensado en llevarme a una de las playas más lujosas del Oeste de Francia. Sin embargo, comprendieron a los pocos días de llegar allí que yo no estaba acostumbrada a las playas frías del Atlántico, así que era una tontería conducir durante horas hasta aquella playa para únicamente mojarme los pies en la orilla; por lo que decidieron cambiar el plan.

El bosque de Brocéliande es conocido en toda Francia (y parte del extranjero) especialmente gracias a la literatura. A lo mejor no os suene así de primeras, ¿pero y si va seguido de nombres como el Rey Arturo, el Mago Merlín, Viviana o los Caballeros de la mesa redonda? Exacto, Brocéliande es el bosque de la materia de Bretaña, el lugar donde transcurre la leyenda del Rey Arturo.

Lo primero que hicimos nada más llegar fue visitar la Place de la gare. Allí entramos en la abadía de Paimpont y, posteriormente, a la oficina de turismo. Como la familia anfitriona sabía de mi entusiasmo por este sitio, me compró la única guía en español que se ofertaba en toda la oficina, un detalle por parte de la familia, aunque la oficina de turismo bien podrían haber contratado a un traductor para traducirla. Y digo esto último porque ni siquiera tiene treinta hojas y la venden por 4€... Eso sí, llena de frases inconexas y sin sentido en un idioma que dice ser español.

Gajes del oficio aparte, comenzamos la excursión de senderismo por el bosque de Brocéliande siguiendo el itinerario que propone la guía. Puse todos mis esfuerzos por descifrar la guía, pues tenía que informar en inglés o en francés a la familia, aunque, todo sea dicho, tuvimos que preguntar en más de una ocasión a otros excursionistas...






Al final, pudimos ver muchos de los lugares emblemáticos de la leyenda, como la Fuente de la eterna juventud, el Árbol de los deseos junto a la tumba del mago Merlín, el Árbol de oro... Eso sí, la imaginación para visitar todos estos sitios y no desanimarse es más que necesaria.

Fuente de la eterna juventud. En el solsticio de verano se debía inscribir en el censo a los niños que habían nacido hasta entonces. Mientras que los que habían nacido de forma clandestina, eran censados al año siguiente junto a esta fuente, a pesar de tener y un año. De ahí que se diga que es la fuente de la eterna juventud.

Árbol de los deseos junto a la tumba de Merlín. Hay que dejar una notita con nuestros deseos colgada en una de sus ramas para que por la noche Merlín lo lea y el deseo se haga realidad.

El árbol de oro

Estanque del espejo de las hadas

Fuente de Barenton. Se dice que si al pedir un deseo, la fuente burbujea, este deseo se hará realidad.


La visita me decepcionó un poco, porque mis expectativas eran muy altas (y quizás también un poco debido a la literatura). Sin embargo, me alegré de no haberme ido de Bretaña sin haber perdido la oportunidad de visitar el mágico bosque de Brocéliande.


Diario de viaje: Redon, Bretaña (parte 12) - Francia


Redon es una ciudad situada al Oeste de Francia entre las ciudades de Vannes, Rennes y Nantes, muy cerca de Sant-Jacut-Les-Pins.
Mi visita a Redon fue exprés, de menos de una hora. Al igual que ocurrió en Sant-Jacut-Les-Pins, el motivo de la visita fue que mi familia anfitriona tenía que hacer unos trámites allí.
Mientras tanto, muy amablemente Marie se esforzó por mostrarme el monumento más característico de Redon y parte del centro de la ciudad.

Tras pasar por la oficina de turismo y coger un folleto informativo sobre la pequeña ciudad, nos dirigimos a ver la iglesia de Saint-Sauveur, que fue fundada en el año 832. Gracias a su construcción y a la peregrinación de sus fieles, Redon pasó a tener una economía mucho más fuerte. Aunque el interior de la iglesia es muy bonito, lo más característico de esta es su torre, pues resistió al incendio que sufrió la iglesia a finales del siglo XVIII.




Saint-Sauveur fue el único lugar de interés turístico que visitamos, pues los pocos minutos que estuvimos en Redon no dieron para más. En la guía que cogí en la oficina de turismo, viene información muy interesante sobre diferentes lugares que visitar en Redon además de su iglesia; como los muelles de Santiago, las casas del siglo XVI de la calle mayor y los depósitos de sal. Así que no descarto volver a Redon en un futuro para poder descubrir todo lo que ofrece este lugar.



Diario de viaje: Saint-Jacut-Les-Pins, Bretaña (parte 11) - Francia



Saint-Jacut-Les-Pins es el pueblo en el que vive la familia anfitriona con la que me alojé. Marie me había hablado mucho de él, pero también había recalcado en varias ocasiones que, a veces, vivir allí podía resultar un tanto aburrido: la vida en Saint-Jacut-Les-Pins es todavía muy tranquila, pues se trata de un pequeño pueblecito alejado del bullicio de las grandes ciudades. Para que os hagáis una idea de su situación geográfica, dista poco más de 90km de Nantes y unos 80km de Rennes, las dos ciudades más grandes cercanas, pero solamente cuenta con menos de 2000 habitantes.

La casa de la familia de Marie no está en el centro de Saint-Jacut-Les-Pins, sino a unos kilómetros de este, cerca del lugar donde empieza la Crête des Moulins, ruta de la que os hablé no hace mucho, así que hasta el penúltimo día no tuve oportunidad de pasear por sus calles.
Sin embargo, el paseo duró poco, ya que el motivo de la visita era hacer unos trámites burocráticos en el ayuntamiento y tirar unas cartas al buzón. Pero como me negaba rotundamente a no inmortalizar este pequeño pero bonito lugar, aproveché para hacer algunas fotos a la salida del ayuntamiento.


 



Diario de viaje: L'île aux Pies, Bretaña (parte 10) - Francia

L'Île aux Pies es un bonito lugar rural en el que pasé una de las tardes de mi estancia en Bretaña. 
Está situado en Basse Vallée de l'Oust y es un sitio ideal para disfrutar de un día de verano en Saint-Jacut-Les-Pins, ya que apenas dista unos kilómetros. 
Los bretones suelen ir allí a hacer actividades de aventura como remo en canoa por el río, que fue por lo que nos decantamos nosotros, y excursiones, tanto a pie como en bicicleta, por la montaña. 

Como íbamos a dejar nuestras pertenencias en consigna para evitar que se cayeran al agua en caso de que la canoa volcara, no pude llevar conmigo la cámara, así que solamente hice un par de fotos rápidas cuando el padre de Marie vino a recogernos con el coche. De ahí que tenga tan pocas fotos para esta entrada.

Aún así, aunque los deportes no son especialmente lo mío (¡y menos los de aventura!) reconozco que pasé una buena tarde en compañía de Marie y Juliette, su amiga del colegio. Menos mal que Juliette es toda una deportista y era la que dirigía la barca y nos decía lo que teníamos que hacer. Si no, ¡a saber adónde habríamos ido a parar Marie y yo! 





Diario de viaje: Saint-Cado, Bretaña (parte 9) - Francia

Entre unas cosas y otras, el mes de noviembre ya casi se ha ido y yo apenas he actualizado el blog. Por eso, antes de que el mes acabe y llegue el frío diciembre (y sí, espero que sea frío porque aquí en Valencia parece que estemos a principios de otoño todavía en cuanto al tiempo se refiere), vuelvo a retomar mi viaje por Bretaña. 
En la entrada de hoy, hablaré de Saint-Cado. Un pueblecito situado a unos kilómetros de la desembocadura de la ría de Etel. 

Lo primero que vi tras bajar del coche y caminar hacia la parte más céntrica de Saint-Cado fueron las aguas turbias y estancadas de la ría de Etel en verano; cosa que me desconcertó un poco y no sabía muy bien porqué la familia anfitriona se había tomado la molestia de conducir hasta allí para enseñarme el agua estancada de una ría.
Poco a poco, fui acostumbrándome a ese paisaje y me di cuenta de que aquellas ciénagas que se formaban varios metros desde la orilla por haber marea baja le daban a Saint-Cado un aspecto natural y único —e incluso me atrevería a decir que tampoco ha quedado tan mal en las fotos—.

De pronto, mi atención recayó en una modesta casita que se erguía en medio de un pequeño islote. En ese momento, Marie me explicó que era precisamente por esa casa por lo que era conocido Saint-Cado, ya que había sido (y todavía era) la protagonista de los cuadros de muchos pintores. El padre de Marie me dijo que cuando subía la marea, esa zona era de las más peligrosas de la ría de Etel, pues se formaban numerosas corrientes de agua y era muy difícil llegar hasta la casa con una barca tan endeble como la que estaba amarrada a un lado del islote.

Después de sacar un par de fotos, cruzamos el puente de Saint-Cado. Según la leyenda, este puente fue obra del demonio: la tradición cuenta que un monje del País de Gales se instaló en la isla de Saint-Cado durante los siglos VI-VII y que, para ayudar a sus fieles que tenían que recorrer varios metros en barca sorportando la fuerza de las corrientes de agua, intentó construir un puente que el agua derribó cuando subió la marea. Entonces, el diablo pactó ayudarle con la construcción del puente y que en su recompensa podría quedarse con el primer ser viviente que lo atravesara. Tras pensar quién podría ser el primero en cruzar el puente, Saint-Cado soltó un gato para que este fuese el primero en cruzar el río, así que el diablo tuvo que conformase con ello.

Finalmente, nos dirigimos hacia la iglesia romana que fundó el santo que da nombre al pueblecito, pero estaba cerrada y no pudimos visitarla por dentro. Además, justo en ese momento comenzó a llover, así que decidimos poner fin a nuestro recorrido por Bretaña por ese día y regresar a casa.







Diario de viaje: Auray, Bretaña (parte 8) - Francia


Auray es una de las ciudades típicas de la región que cumple con el perfil de la Bretagne historique y en la que tuvo lugar la batalla más importante de la Guerra de Sucesión Bretona.
Se trata de un lugar junto al Atlántico cuya ribera recibe el mismo nombre que la ciudad. Por ello, además de un precioso casco antiguo, cuenta con un puerto transitado por barcas y veleros. Aún así, lo mejor de todo es perderse por las calles empedradas con pendiente que recorren parte de la zona pesquera y que, por tanto, la mayoría de ellas van a parar al embarcadero. 
Las casas de esta zona de Auray son las mán antiguas de la ciudad y pertenecen a la ciudad alta medieval; todas ellas muestran el estilo arquitectónico tradicional de la época ya que están hechas de piedra y cuentan con entramados de madera, mientras que el tejado de muchas casas todavía conserva la famosa ardoise o pizarra como elemento principal.












Fue precisamente en una de estas calles en la que tanto la familia anfitriona como yo disfrutamos de un crêpe, aunque, también tengo que decir que, después de haber probado los crêpes y galettes caseras de la madre de Marie, este dejó mucho que desear.

Tanto Marie como su familia me recomendaron probar le caramel au beurre salé, una crema pastosa de caramelo líquido que se caracteriza por llevar la tradicional mantequilla con sal gruesa de Bretaña. No soy muy fanática del caramelo, así que no me terminó de convencer el sabor peculiar de esta crema junto con el crêpe; al final opté por pedir uno de sirope de chocolate con helado de vainilla y nata.
Eso sí, el sitio era el típico bistrot bretón, con manteles de cuadros rojos y blancos, por lo que me alegré de que hubieran escogido este lugar para merendar.




Tras reponer fuerzas, seguimos paseando por la ciudad hacia la parte más señorial. Se nota sobre todo por el cambio de estilo en la arquitectura de los edificios, especialmente del ayuntamiento y la calle principal, ya que poco tienen que ver con la zona junto al mar.





Diario de viaje: La Côte Sauvage de Quiberon. Bretaña (parte 7) - Francia

Quiberon es uno de los lugares que más me gustó de Bretaña —vaya, ha sido una bonita confesión para empezar esta entrada—. Estuvimos poco más de hora y media en este precioso lugar, pero fue tiempo más que suficiente para que me enamorase de él.



Quiberon es una comuna francesa situada en la región de Bretaña. Sin embargo, lo más famoso y característico de este lugar es su costa, que recibe el nombre de La Côte Sauvage.
Se trata de un lugar precioso e idílico, perfecto para disfrutar del paisaje y pasear por los 8 kilómetros de sendero que recorren los acantilados desde el Château Turpault.
Nosotros no lo recorrimos todo, pero sí que disfrutamos del sol y del buen tiempo. ¡He incluso conseguimos bajar por un acantilado a una pequeña cala para mojarnos los pies en el agua! Para una chica del Mediterráneo como yo, estaba helada. De hecho, no sé si se puede apreciar en la última fotografía, en la que estamos Marie y yo mojándonos los pies, pero en cuanto la ola se aproximó, puse los pies de puntillas.






Lo anecdótico de esta visita fue que, al llegar a casa horas más tarde, toda la familia francesa con la que vivía estaba roja como un tomate debido a la hora que habíamos pasado paseando por los acantilados. La quemadura de la piel fue tal que unos a otros se iban pasando la botella de After-sun. Sin embargo, yo había perdido parte de mi bronceado desde que había llegado a Bretaña, por lo que nos sirvió para bromear con el tema durante unos días. 

"Después de la tormenta siempre llega la calma", se suele decir. Y yo lo pude comprobar ese mismo día: la tormenta que nos recibió en Carnac quedó prácticamente olvidada tras disfrutar del océano que baña la costa de Quiberon.





Diario de viaje: Carnac y La Trinité sur mer. Bretaña (parte 6) - Francia


Uno de los días por Bretaña, mi familia anfitriona me llevó a hacer un recorrido en coche por varios pueblos y ciudades de la región. Los días previos a este viaje, estábamos todos pendientes de la previsión meteorológica y, aunque el cielo no prometía estar del todo soleado, decidimos llevarlo a cabo.
En la primera parada, aprovechamos para visitar los conocidos Alineamientos de Carnac, el sitio neolítico por excelencia de Bretagne.

Estos alineamientos se sitúan entre el V y III milenio a.C. y fueron erigidos por comunidades sedentarias que se dedicaban a la ganadería y a la agricultura. Se trata de construcciones de piedra alineadas en filas de menhires y recintos, tumbas individuales (cerros) y colectivas (dólmenes).

Como suele ocurrir con este tipo de lugares, varias leyendas y creencias se basan en este sitio. Una de ellas es la leyenda de San Cornelio, según la cual, los megalitos de Carnac eran romanos petrificados; aunque, posteriormente, en el siglo XIX también se ha dicho que este lugar podría tratarse de un antiguo templo celta.

Sea lo que fuere, estos alineamientos ocupan varios kilómetros, por lo que la visita turística requiere tiempo. Además, también se puede visitar el museo de prehistoria que ilustra la evolución del ser humano en Bretaña desde el Paleolítico hasta la Edad Media.
Este museo fue nuestra salvación, porque una tormenta descomunal nos recibió nada más llegar a Carnac. Por suerte, no duró más que unos veinte minutos, así que visitamos dicho museo y, posteriormente, paseamos junto a los alineamientos. Pero, como estaba todo embarrado, acabamos por poner rumbo a otra ciudad tras haber sacado un par de fotos.

Nuestra segunda visita terminó por ser La Trinité sur mer. Fue, más que nada, una parada provisional para esquivar la tormenta que avanzaba en dirección Oeste, persiguiendo las ciudades que teníamos previsto visitar. De esta forma, al situarse un poco más al Este (por lo que en realidad retrocedimos unos kilómetros), pudimos incluso disfrutar de algunos rayos de sol.

En cuanto el reloj marcó las doce, mi familia anfitriona decidió que era la hora de la comida y que debíamos aprovechar esta parada provisional no solo para ver el lugar sino también para comer. Quizás era un poco pronto para mí, pero no dudé en sentarme con ellos para disfrutar de una comida con vistas al Atlántico ;)




Diario de viaje: Los yacimientos de Monteneuf, Bretaña (parte 5) - Francia

La siguiente parada que hicimos ese día fue visitar la zona arqueológica más conocida de Monteneuf. 
Como ya dije en una de las entradas anteriores, Bretaña se caracteriza por los yacimientos arqueológicos magalíticos, así que mi familia anfitriona se interesó por llevarme a varios de ellos. 
Unas horas antes, habíamos visitado los yacimientos megalíticos de Saint-Just; pero, como no logramos encontrar más que una decena de menhires —motivo por el que la visita nos decepcionó bastante a todos—, mis expectativas con respecto a volver a visitar un yacimiento de este tipo no eran muy altas.
Eso sí, a diferencia de los anteriores, la ruta que había que seguir hasta llegar a la Archeosite de Monteneuf estaba señalizada por varios carteles e indicaciones; así que, afortunadamente, pudimos encontrar el camino.
Finalmente, encontramos los yacimientos arqueológicos de Monteneuf, conocidos en francés con el nombre de Les Pierres Droites.




El yacimiento de Les Pierres Droites se trata de unos enormes menhires de la época del Neolítico que lleva más de 5500 años al sur del bosque de Brocéliande y que puede visitarse gratuitamente.
Junto a estas enormes piedras han creado un área en la que han tratado de reconstruir la organización de una cantera megalítica y reflejar aspectos de la vida cotidiana durante ese período de la historia.








Diario de viaje: La Gacilly. Bretaña (parte 4) - Francia

Después de nuestro intento por visitar los yacimientos de Saint-Just, decidimos ir a lo seguro y visitar la pequeña ciudad de La Gacilly.

Si en algo se asemeja La Gacilly a Rochefort-en-Terre es en la tranquilidad que transmite su paisaje: todas las calles de piedra están decoradas con flores y plantas que hacen que el lugar se convierta en un sitio muy agradable para pasar una tarde de verano. 

Es precisamente en La Gacilly de donde es originaria la conocida marca de cosmética vegetal Yves Rocher. El fundador, que da nombre a la firma, comenzó su negocio gracias a la fundación de un jardín botánico y un hotel-spa ecológico. El primero se puede visitar durante los meses de verano, mientras que el segundo todavía sigue en funcionamiento siendo día tras día más conocido gracias a las tiendas de cosmética que se han extendido a nivel internacional bajo este nombre. 

Tras visitar una tienda de esta marca, continuamos disfrutando de las cálidas temperaturas de verano dando un paseo por las calles de este pintoresco lugar y las orillas del río Aff.






La región de Bretaña es especialmente conocida por sus productos artesanales, y lo mismo ocurre con La Gacilly. Curioseamos por varias tiendas de artesanía de cuero y madera, arte y pintura y joyería, mientras Marie me explicaba cosas sobre su región.
Finalmente, siguiendo su recomendación, compré una docena de Macarons artesanales en Pierre Morel. Los sabores elegidos fueron los de frambuesa, pistacho y vainilla. Sin duda, no podía irme de Francia sin volver a comprar macarons.
Para mi sorpresa, estaban muchísimo mejor que los que compré en París, así que fue la mejor compra que hice en todo el viaje :D



Tras tomarnos un helado y reponer fuerzas, estuvimos viendo la exposición de fotografías al aire libre que decora la calles de La Gacilly durante los meses más calurosos del año. Es el festival de fotografía al aire libre más grande de Francia, así que no podíamos irnos de La Gacilly sin verlo.