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Diario de viaje: Alicante - España

Desde hace ya varios años, una parte de mis vacaciones de verano las paso en la Costa Blanca. 
Este tipo de vacaciones en nada se parecen al ritmo que suelo llevar cuando visito otro país. Se podría decir que cuando estoy por esta zona de la Comunidad Valenciana, no me comporto como una turista, aunque sí me guste pasar las mañanas en la playa y visitar diferentes lugares cercanos por las tardes. Pero, sin duda, me lo tomo con más calma para el que el ritmo del viaje sea mucho más tranquilo.

Hace tiempo que llevaba en mente escribir sobre este tipo vacaciones por la Costa Blanca porque, aunque en un principio este blog lo creé para mis viajes al extranjero, soy de ese tipo de personas que piensan que en la Comunidad Valenciana también hay un montón de lugares preciosos que visitar y sobre los que, por qué no, escribir. Así que, aprovechando que el fin de semana pasado estuve en Alicante, he decidido recopilar unas cuantas fotos de mis últimas visitas a esta ciudad y escribir un poco sobre ella. 

La primera vez que estuve en Alicante fue en el verano de 2010 y, desde entonces, he estado un total de cuatro veces allí. ¿Lo más turístico de la ciudad? Sin duda,  el Castillo de Santa Bárbara. 



 El Castillo de Santa Bárbara se encuentra en lo alto del Monte Benacantil, en la ciudad de Alicante. Se desconoce la época exacta de su construcción aunque se han encontrado restos arqueológicos desde la Edad del Bronce.
El castillo se puede visitar (pvp de 2€ para subir en ascensor), tanto el interior como el exterior, cosa que permite ver las exposiciones de objetos encontrados en él así como disfrutar de las vistas de toda la bahía alicantina, como os muestro en las siguientes fotos.





 


Este año, mi mejor amiga sueca, vino a visitarme y, aprovechando que su vuelo llegaba a Alicante, decidimos pasar el día haciendo algo de turismo por esta ciudad.

 

 




Otro de los monumentos más conocidos de Alicante es su Ayuntamiento, conocido porque en él se encuentra la denominada Cota Cero, el lugar de referencia desde el que se mide la altitud sobre el nivel del mar de las diferentes ciudades españolas.




Además, también paseamos por la zona del paseo marítimo y la explanada junto al puerto, una de las zonas más modernas y turísticas de la ciudad gracias a que allí se puede ver el moderno Casino, el restaurante-barco anclado en el puerto y la playa del Postiguet.







Diario de viaje: Gigeryd - Suecia

Al regresar a Jönköping tras visitar Huskvarna, la familia de Raquel nos estaba esperando para hacer una barbacoa en el patio de la casa. Los trozos de carne llamaban la atención por sí solos (a la vista está en la fotografía) y que, como habréis deducido ya, nos quedamos con hambre jajaja xD




Después de esta comida de despedida con mi HF sueca, Raquel y yo quedamos con unos amigos suyos para ir a recoger fresas. Sin duda, esta fue mi actividad favorita de este viaje: recolectar fresas en Gigeryd. 
Gigeryd es un pequeño lugar cercano a la ciudad de Jönköping, ya que el trayecto en coche no duró más de veinte minutos. La tarde no estaba muy clara -de hecho, cayó alguna que otra gota de lluvia-, pero lo pasé realmente bien aunque se me hiciera raro estar recolectando fresas en pleno mes de julio cuando en España comienzan a aparecer por el mes de abril.






El paisaje de Gigeryd me pareció precioso: al lado del enorme lago se encuentran los verdes campos de fresas y, de vez en cuando, las típicas casitas suecas. 
Aquí, cada uno coge las fresas que quiera y, antes de marcharse, las pesa y las paga. ¡Ah!, eso sí, se me olvidaba el detalle de que cada uno puede comer todas las fresas que quiera como degustación mientras las está recogiendo. 










Diario de viaje: Morella (parte 2) - España

Como bien dije en la primera parte de mi viaje a Morella, después de comer comenzamos la subida al castillo de la ciudad. 
Esta fortaleza militar está situada en lo alto de un peñasco y ha sido testigo de numerosas civilizaciones así como guerras que han dejado su huella. ¿Lo mejor de todo? Las vistas desde la plaza de armas, el lugar más alto del castillo, desde donde se ve la ciudad y los alrededores del río Bergantes. 

 Antes de entrar a la fortaleza, visitamos la iglesia de Santa María, un edificio gótico que, a nivel artístico, destaca por la puerta de los Apóstoles en el exterior y por la escalera decorada con motivos barrocos en el interior. 
Además, en su interior también se halla el órgano más importante de la Comunidad Valenciana. 


Basílica de Santa María de Morella


Para entrar al castillo, pasamos por el convento de Sant Francesc. Lo que más llama la atención es el enorme y elegante claustro así como la pintura de la danza de la muerte.
 
Fotografía de la Calle del hospital en nuestra subida al castillo.
Claustro del convento de Sant Francesc
Fotografía del castillo de Morella desde el convento de Sant Francesc
Pintura La danza de la muerte

Como podéis ver en las fotos, nos hizo un tiempo variado: igual llegamos a la ciudad y hacía sol, que en la subida al castillo se volvió aire de tormenta y comenzó a llover. Aún así, después de visitar el convento de de Sant Francesc, llegamos a la entrada del castillo. Pagamos la entrada (3'50€ por persona la tarifa normal y 2'50€ la entrada a precio reducido) y comenzamos a andar por las estancias y caminos de los tres pisos del castillo. En ellos se puede observar la influencia de las diferentes culturas que han pasado por él desde que se fijó en época islámica.

Una de las estancias del II piso del castillo


Sala de torturas

Jamás había oído hablar de ello, pero no suena muy bien que digamos...

Réplica del casco antiguo de la ciudad amurallado y su castillo

Vistas desde la Plaza de armas



Atlas, mi traveller, también me acompañó a la visita al castillo

Atlas junto a unas postales y la entrada al castillo de Morella.





  Y hasta aquí mi día en Morella. 
Puedes ver el vídeo que grabé para conocer más sobre esta ciudad.




Chelo Caballero

Diario de viaje: Jönköping (parte 5) - Suecia

A estas alturas, todavía soy un completo desastre decidiendo qué cámara de fotos voy a llevarme de viaje. Para mí es un dilema elegir entre la calidad de la reflex y la comodidad con respecto al peso y tamaño de la cámara compacta. Como ya digo, no es la primera vez que a mitad de un viaje me lamento de no haber llevado mi cámara reflex y haber decidido llevarme la compacta, o viceversa.
Mi viaje a Suecia no fue una excepción y el quinto día por dicho país decidí dejarme la cámara reflex en casa de Raquel. En teoría, la dejé a conciencia porque ése iba a ser nuestro día de relax después de la odisea de las bicis en Visingsö. Y fue verdad, porque ese día fue bastante normal pero, para una forastera como yo; muchas calles, parques o plazas resultaban extraordinarias y lamenté no haber cogido la cámara así que tuve que conformarme con la cámara del móvil, cosa que no habría pasado de haberme llevado la otra cámara.

El día anterior habíamos pasado desde las siete de la mañana hasta casi las once de la noche fuera de casa, visitando Gränna y Visingsö. Entre el cansancio de hacer turismo y las agujetas que tenía gracias a la bicicleta,  dormí casi diez horas. Cuando me desperté, Raquel ya estaba preparando el desayuno después de haber ido al gimnasio a las siete de la mañana y de haberse arreglado >.<
Desayuné corriendo y, después de arreglarme, a mitad mañana cogimos un bus hacia el A6 Center, uno de los centros comerciales más grandes de Jönköping, donde nos encontramos con su madre, que acababa de terminar su turno de trabajo. Así que decidimos dar una vuelta por las tiendas y, más tarde, reunirnos con el resto de la familia para ir a comer a Ikea.

Sé que puede parecer extraño que nuestro plan del día fuera ir a comer a Ikea pero si partes de que es imposible pensar en Suecia sin relacionar el país con Ikea y que yo nunca había estado en estos almacenes, creo que es comprensible que destinara unas horas de mi viaje a pasear por los pasillos de Ikea y a comer en su restaurante.

No voy a hacer ningún comentario sobre la tienda de Ikea porque creo que a estas alturas, tanto todo aquel que haya ido a alguna de sus tiendas como quien no, sabe qué es y los pros y contras de los productos que venden, pero sí hablaré un poco sobre lo que pedí para comer allí.

Tanto Raquel como su familia me repitieron varias veces que la comida de ese restaurante era comida típicamente sueca y pude comprobarlo cuando toda la familia se pidió un plato de albóndigas para comer que, por si no lo había mencionado, las albóndigas son una comida típica sueca.
Como en uno de mis primeros días en Suecia ya habíamos cenado albóndigas, yo preferí pedir panerad rödspätta med potatis och remouladsÃ¥s, o lo que es lo mismo, pescado empanado con patatas hervidas y salsa tártara, para probar otro plato de la gastronomía sueca. ¡Delicioso! Aunque no termino de encajar que dentro de una tienda de muebles haya un restaurante xD




Después de comer, continuamos con la visita turística por Ikea hasta que nos cansamos. Más tarde, Raquel y yo volvimos dando un paseo hasta el centro de la ciudad así que aproveché para comprar algunos souvenirs para mi familia en las tiendas para turistas del Jönköping resecentrum.

Como todavía era pronto para cenar, Raquel me propuso ir a una zona cerca del Statsparken, conocida como Dunkahalla. En este lugar se puede ver la zona industrial más antigua de Jönköping rodeada de una cascada natural que llega hasta el cementerio.

Subiendo hasta lo alto de Dunkahalla para ver el nacimiento de la cascada
Vistas de las casas de las fábricas, stallkvarn, desde lo alto de la cascada

Vistas de las casas de las fábricas y el lago.



En la stallkvarn, primeras fábricas de Jönköping


Foto tomada en el Kyrkogården. En Suecia, es bastante frecuente pasear por los cementerios.

Foto desde el mirador del Kyrkogården. En el horizonte se distingue la isla de Visingsö.


Chelo Caballero

Diario de viaje: Visingsö - Suecia

Aprovechando el día que estuve en Gränna, Raquel y yo cogimos un barco que nos llevó a Visingsö, una isla que se encuentra en el lago Vättern y que dista a unos pocos minutos en barco desde Gränna.
Mientras íbamos al puerto de Gränna para sacar nuestros tickets, una tormenta sorprendió a todos los turistas que estábamos visitando ese día la ciudad, así que las dos tuvimos que refugiarnos en una tienda de knäckebröd y otros productos típicos suecos. Al final, como la tormenta no amainaba y nos sabía mal estar merodeando por la tienda de delicatessen con precios no aptos para cualquier bolsillo, nos armamos de valor, sacamos nuestros chubasqueros de la mochila, y nos fuimos al embarcadero.

El viaje a Visingsö apenas duró quince minutos y, como la lluvia había cesado, pasamos la travesía en la cubierta del barco, haciéndonos fotos y disfrutando de la brisa.




La isla no es muy grande, tiene unos 14 km de largo, pero era imposible visitarla en apenas dos o tres horas caminando, así que teníamos dos opciones: montar en un carro de caballos y recorrer unos pocos kilómetros de la isla o alquilar unas bicicletas y pasar la tarde a nuestro aire. Raquel me convenció para alquilar unas bicicletas y recorrer toda la isla, así que acepté no sin antes advertirle de que mis capacidades deportivas eran prácticamente nulas. Tranquila, Chelo, ¡la isla es prácticamente llana!, me dijo. Todavía me acuerdo de estas palabras y de la odisea de la bici porque, como podéis imaginar, la isla no era totalmente plana para una chica que vive en una ciudad como Valencia.
Y sí, digo odisea porque nos pasamos más de tres horas pedaleando por todo Visingsö, por medio de un terreno desigual y bajo una tormenta del quince. A todo ello, cabe sumar que las bicicletas suecas son como las holandesas, de esas en las que el freno no está en el manillar sino en los pedales.
Todavía no sé cómo sobreviví y Raquel, cada vez que hablamos, me recuerda esta gesta.

Atlas tampoco quiso perderse la visita a Visingsö

Llegando a las ruinas del castillo de Visingsbord, antigua residencia de la familia Brahe.





Dejando a un lado mis capacidades deportivas, debo reconocer que Visingsö es un lugar precioso. No hace falta decir que el paraje natural era realmente bonito, porque en casi toda Suecia el paisaje es así, o que hay alguna que otra casita típica sueca, porque en cuanto llevas unos días en Suecia te das cuenta de que esas casas de cuento están por todas partes. Visingsö, la isla que, según una leyenda escandinava, se creó gracias a una piedra que lanzó un gigante para lograr cruzar el lago Vattern, está llena de monolitos, molinos y alguna que otra iglesia.

Lo mejor del día fue, sin duda, que mientras estábamos medio perdidas pedaleando por medio de los bosques de Visingsö, nos encontramos con un ciervo salvaje. No pude hacer ninguna foto porque bastante tenía con seguir pedaleando y ver al ciervo, que huyó en cuanto nos oyó, pero al menos me quedo con el recuerdo de haber visto un ciervo sin estar en un zoológico ;)